Chica. Mi amor, mi compañera, mi cariñoso corazón de cuatro patas. Te has ido. De pronto te has ido y yo siento tu ausencia como una grieta que me rompe los ojos. Creí que lo peor sería la despedida, abrazar tu cuerpito peludo sobre la camilla del veterinario. Pero no. El dolor es un aire que transpira, y lo peor es recordarte, todavía verte en mi retina. El piso sin ti ya no es más que simple arquitectura: paredes, suelo, muebles, un techo. Ya no me esperas detrás de la puerta, impaciente y feliz, arqueando tu cuerpo de tanta alegría. Tampoco me persigues, casi haciéndome tropezar, ansiosa por tu premio después del paseo; ni tampoco tu cola barre el suelo, contenta como un plumero. Chica, cuánto me duele imaginarte. Tus rincones en el balcón, detrás del mueble del comedor, junto a la bicicleta, justo en mitad del pasillo, son ahora marcos vacíos de fotografías tuyas; tan vacíos como los paisajes cuando no te vea, metros allá, oteando el horizonte con aquella elegancia animal tan hermosa y tan marrón y tan tuya. Chica, mi amor, mi compañera. Nunca te he escrito nada pero ahora me es imposible no hacerlo, aunque tampoco sé bien cómo hablarte. Nuestro lenguaje era otro, más fonético y exclusivo. A veces, es verdad, te preguntaba a qué habías dedicado la mañana, por dónde te apetecía salir a pasear, o te rogaba que ya bastaba de caricias. ¿Pero verdad que me comprendías? Tus ojos cálidos y negrísimos aún me miran, tus orejas triángulo aún se yerguen, aún jugueteo con tus pies, con tu morro despeinado, o te siento encima mío y homenajeo tu barriga, tu lomo, tu cabeza. Chica, mi amor, mi cariñoso corazón de cuatro patas, ¿recuerdas cuando me lamiste las lágrimas la última vez que lloré contigo? Doce años juntos integran, fusionan. ¿Cómo es que era tan fácil, tan gratificante, hacerte feliz? Correr, husmear, pelearnos con las otras hembras, tontear con machitos graciosos. Salir a ladrarles a los gatos, a enfrentarnos a los coches y a las motos y hasta a las excavadoras con aquella furia con que lo hacías. De todo eso tengo ganas ahora. Chica, mi amor, mi compañera, cuánto te voy a echar de menos. Súbete al sofá, cómete ese bocadillo de la basura, duerme conmigo. Lléname la furgoneta de pelos. De verdad que ya no me importa. Y tranquila, de verdad que no pasa nada si te meas encima como en los últimos meses. Chica, lo siento, no puedo seguir escribiendo. Dime solo una cosa, ¿verdad que sigues aquí conmigo? ¿Verdad que no te has marchado? La muerte es un mundo como cualquier otro, pero tú no te has marchado de este. Chica, mi amor, mi compañera. Descansa en paz, mi cariñoso corazón de cuatro patas.
