El señor Sú y los juegos de palabras

Al señor Sú le divierten los juegos de palabras de una manera casi obsesiva. Se entretiene contínuamente en tomar sílabas prestadas de una palabra y ponérselas a otra, añadir una letra o un sonido aquí o quitárselos allá, y así formar nuevas expresiones parecidas a las originales pero que no tengan, en principio, nada que ver con ellas. Su especialidad es tomar palabras aisladas y conseguir hacerlas aparecer con distinta función en medio de otro contexto, sin más intención que una mera permutación ociosa. A veces también investiga en otras variaciones más retorcidas, siempre con la intención de crear nuevos contenidos a partir de los existentes. El resultado termina siendo una muestra generalmente divertida de cuán cerca pueden estar fonéticamente, mensajes muy diferentes en lo semántico.

El origen de su fuente de datos es, quizá, el único problema aparente. Es muy habitual que el señor Sú sea incapaz de seguir una conversación, porque su mente se quede atrapada en algún juego de palabras que se le haya ocurrido después de que alguien haya dicho esto, o lo otro. Esto hace que, si uno charla por primera vez con él, piense que no está prestándole la debida atención o que, simplemente, es un viejo que roza la senilidad. El hecho, además, de que no siempre comparta sus juegos de palabras, hace más difícil la comunicación con él, especialmente si no se le conoce. Solo los que sabemos en qué tipo de juegos lingüísticos se entretiene, podemos compartir con él algunos de sus silencios, tratar de adivinar el porqué de la última de sus carcajadas, o acaso comprender alguna de sus ocurrencias.

El señor Sú solo verbaliza en voz alta unas pocas de sus creaciones, y la verdad es que suelen ser siempre verdaderamente ingeniosas. Estoy seguro de que si su cerebro llevase algún tipo de altavoz para que se pudieran oir esos juegos de palabras espontáneos que suceden en su cabeza, el resultado sería una composición absolutamente caótica, absurda e hilarante y que, sin embargo, estaría en total consonancia con la sonrisa de serena felicidad que suele presidir su rostro arrugado y de mirada sabia.