Hoy, señor Sú, retrocedes en el tiempo y revisitas momentos. Es algo que has aprendido a hacer después de tantas horas sentado en tu banco, tu banco del paseo donde observas el mar, o la gente que pasa, o el cielo que cambia.
Sin embargo, hoy, señor Sú, tu mirada es más tenue que de costumbre, y no te interesan las bandadas de pájaros, ni las nubes lejanas, ni el oleaje diverso. Hoy revisitas los recuerdos de ellas. Revives tanto las más puras efervescencias, como las más graves rupturas, todas ellas quiebras del alma tan trascendentes entonces, tan ligeras, casi tiernas ahora.
Señor Sú, tus recuerdos te llevan de un lugar a otro, y aún así parecen el mismo.