Tenía los ojos borrados, ausentes. Las réplicas de dolor los habían vaciado pero ahora, suspendidos, se desmoronaban de nuevo. No habían servido de nada la huída, los propósitos, los pensamientos firmes. Desprotegidas, las lágrimas se desperdiciaban en el enésimo recuerdo. Me duele el alma, escribiría alguien. Pero todos los ciclos llegan a su fin, y Lulo advertía en el horizonte una sonrisa lejana. Lástima que se difuminase tan rápido. El viento, despiadado, lo zarandeaba todo como si exigiese urgencia.