Yo ahora lo sé, Nune, que caminas en dirección nueva, que te vas
hacia un nuevo hombre. La escena es clara, yo estoy inmóvil viéndote
marchar: la espalda erguida, tus mechones rubios y cortos apenas
molestados por un viento que te sopla en la cara, y el caminar
gracioso, como siempre. Consigues olvidar el dolor y ya vuelves a
sentir. A ratos te tienta miras atrás, pero no lo haces. Estás
decidida a renacer. Yo, que soy menos valiente, aún no me he
decidido a moverme, también lo sabes. Aunque al final sea, como
siempre, demasiada literatura, me propongo una escena menos clara.
Espero a que tu imagen se difumine en mis ojos, y que desaparezcas
lenta y lejana, como una canción que se apaga y le da paso al
silencio. Después, cuando no haya nada donde mirar, daré unos pasos
cabizbajo. En una dirección que aún tendré que descubrir, habrá
una melodía que hará el resto.